Estimados colegas,

En el marco del día mundial de la Salud Mental, les dejamos está columna de la psicóloga y presidenta de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica, Ps. Ana María Zlachevsky.

Salud Mental, autoexigencia y depresión

Por Ps. Ana María Zlachevsky

Presidenta Sociedad Chilena de Psicología Clínica

En el día de la Salud Mental, la SCPC no quiso estar ausente eligió hablar de la depresión uno de los grandes males de las últimas décadas; considerada una epidemia que afecta a millones de personas. Según la Organización Mundial de la Salud, en el año 2020 será la segunda enfermedad más frecuente en el planeta. Lo complejo de este cuadro diagnóstico es que nuestra civilización se caracteriza por ciertas exigencias que son un caldo de cultivo para que la depresión prolifere y lejos de disminuir probablemente aumentará .

Vivimos de una manera distorsionada una dimensión del ser humano que consiste en competir consigo mismo y con los demás. El filósofo coreano  Byung Chul-Han habla de la “sociedad del cansancio”, caracterizada como una era del rendimiento, y de auto-explotación.  Esta cultura, según Han, emergió después de finalizada la guerra fría, e instaló un sistema de auto-explotación favorecido por el neoliberalismo en que el ser humano se transforma en emprendedor de sí mismo, auto-explotado, volcados al imperativo del rendimiento, la competencia y el consumo.

Si bien la competencia pareciera ser favorable para el proceso productivo, ello no es tan claro, en tanto ese proceso no es bien logrado si quienes deben producir se deprimen. El vivir compitiendo con nosotros mismos y con los otros rompe nuestros ritmos vitales, ignorando por completo antiguos saberes que inducen a encontrar el propio ritmo, el del prójimo y el de la naturaleza, estando los tres en equilibrio.

Obsesionados por cumplir metas, no tenemos clara consciencia de lo que le ocurre a nuestro cuerpo. De pronto y sin saber bien cómo, sentimos que ya no podemos seguir en la alocada carrera autoimpuesta.  Entonces, como dice Frankl, habría que detenerse y reflexionar sobre cuál es el verdadero sentido y propósito de la existencia”. En ese momento tal vez sea posible escuchar a nuestro cuerpo y parar antes de que nos veamos invadidos por la depresión.

 

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