Estimados colegas y socios:
A raíz del fallecimiento del destacado psiquiatra chileno, Claudio Naranjo, les dejamos estas reflexiones del Presidenta de la SCPC, Dra. Ps, Ana María Zlachevsky, sobre su legado e influencia en los especialistas en psicología clínica.
REFLEXIONES SOBRE EL LEGADO DEL DR. CLAUDIO NARANJO
Por Ana María Zlachevsky
Presidenta
Sociedad Chilena de Psicología Clínica

Conocí a Claudio Naranjo en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile, hacia fines de los años sesenta. Siendo yo ayudante de la cátedra de Psicopatología y él un Psiquiatra, distinto al resto, que atraía con su sola presencia. En ese entonces me habló de la importancia del “eneaedro de las fijaciones y el protoanálisis de Oscar Ichazo”, pero, por sobre todo su discurso se orientaba a destacar la importancia de “aceptar ser como uno es” y trabajar incansablemente en descubrir nuestra verdadera esencia.

Yo, por ese entonces, buscaba certezas y quería aprender de diagnósticos y patologías, embriagada por el paradigma de la ciencia, por lo que me pareció que, el suyo, no era mi camino. Si bien participé brevemente en un grupo gestáltico que él dirigió, su invitación a tomar ácido lisérgico me asustó y me alejé de sus enseñanzas.

Pasaron algunos años y nos volvimos a encontrar. Esta vez en un aeropuerto. Me reconoció y me preguntó si estaba trabajando en “mi ser y en mi aceptación”. Me instó a salir de las patologías de los DSM y a leer a los místicos, a leer sobre mitos y leyendas, sobre hinduismo, sobre sufismo. Leer el Antiguo Testamento y las distintas tradiciones que hablaban del viaje del héroe, que no es otra cosa que salir al encuentro con la conciencia y la verdad que en última instancia da cuenta del sentido de la vida.

Carlos Castañeda fue también una recomendación suya, para entender al ser humano y reconocer cómo abría el corazón el uso de drogas psicodélicas. Su discurso volvía a recalcar la importancia de la aceptación de quién uno es y del reconocimiento del ser verdadero versus el ego. Me invitó a trabajar con el eneagrama de un modo más serio, a través del SAT, para poder encontrar el sentido de la vida y el rol de quienes trabajamos con almas humanas. “Somos plantas destinadas a dar frutos“, dijo entonces, pero, para dar frutos es necesario contactar  con ese potencial interno que todos tenemos.El hablaba no con el conocimiento del experto sino de alguien que no dudó en incursionar y practicar en él mismo todo lo que podía favorecer el encarnar la frase con la que lo conocí “aceptar ser como uno es”.

Su postura sobre la espiritualidad, la importancia de la meditación, de la música, de la creatividad, del trabajo corporal, del encuentro grupal y tanto más en el desarrollo de almas humanas marcó un antes y después para la psicología clínica.

Sus enseñanzas trascendieron Chile y San Francisco, extendiéndose por distintas partes del planeta, no solo en  el ámbito de la salud mental sino también en el mundo de la educación, tratando de incidir en un cambio de paradigma educativo para poder transformar las relaciones humanas a mayor escala. Afirmaba “Los niños nacen libres, y poco a poco van siendo domesticados a través del miedo. La palabra que más escucha, es el ‘no’, para evitar hacer lo que les gusta. Somos víctimas de una sociedad enferma y no sabemos contactarnos con nuestra esencia”.  El cambio social inevitablemente debe pasar por la conciencia personal y por el contacto con nuestro ser. Necesitamos otra manera de ver, sentir, comprender y para ello el rol de la educación es primordial.

Su libro “Cambiar la educación para cambiar el mundo”, publicado en español en el año 2004, es una fuente de inspiración y de esperanza.

Este julio la SCPC y la psicoterapia ha perdido un gran maestro, pero, su legado es inmenso. Valga leer sus libros, artículos y conferencias. Su frase sobre la aceptación de quién uno es, parece una frase más, pero tras ella está el inmenso trabajo que implica el “camino del héroe o la heroína”, para encontrar el verdadero sentido de la vida, en una sociedad desencantada que privilegia la imagen por sobre la esencia, la conciencia y la verdad.

Como sociedad sólo podemos decir a coro, MUCHAS GRACIAS MAESTRO CLAUDIO NARANJO, vuestras enseñanzas seguirán vivas en nosotros.

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