Estimados colegas, les comentamos que el Director de la SCPC, Ps. Roberto Arístegui, habló con el Diario el Mercurio sobre la importancia que está teniendo la meditación o mindfulness en el tratamiento de la salud mental y física. El reportaje apareció el sábado 26 de mayo de 2018.

 

 

 

El arte que encierra la meditación
sábado, 26 de mayo de 2018

Lorena Guzmán H.
Vidactual
El Mercurio

  • Hace milenios que se practica en Oriente, pero solo hace unas pocas décadas comenzó a expandirse en Occidente. La ciencia aún no es concluyente sobre los beneficios de meditar, pero todo apunta a que sí ayuda a la salud mental y física.

Se sienta con las piernas cruzadas, busca una posición cómoda y cierra los ojos. Respira normalmente y trata de concentrarse en cómo sale y entra el aire por su nariz. Casi instantáneamente empieza a pensar en cómo decorará su pieza de meditación, pero se autoincrimina, y por eso abre los ojos para saber cuánto tiempo lleva. No ha pasado ni un minuto. Esto le pasa a Julia Roberts en la película “Comer, rezar y amar”, cuando se sienta por primera vez a meditar. Si bien podría ser una caricatura perfecta, se acerca bastante más a la realidad que a la exageración y, por sobre todo, a algo que cada vez más personas experimentan.

Estar en el presente

Uno de los primeros registros de la práctica de meditación data de hace cinco mil años en el valle del Indo. Vinculada a la religión, se practicó en el Antiguo Egipto y China, y terminó por expandirse en Asia a través de la Ruta de la Seda, siendo finalmente el budismo su principal promotor. Pero fue solo recién en el siglo pasado cuando llegó a Occidente. Así tomó fuerza la idea de estar en el presente, de ser totalmente consciente de cada momento y de esta manera de calmar la ansiedad, tener mayor autocontrol e, incluso, moderar el dolor.

“Al principio, lo que más me llamó la atención fue cuánto me tranquilizaba”, dice José Herrera (59). “Además, me permitía estar más atento a lo que hacía y, por lo mismo, me era más fácil acordarme de las cosas”, agrega.

José lleva cinco años meditando y empezó porque había leído sobre los beneficios de hacerlo; mejora la concentración, la productividad e, incluso, acelera la recuperación de pacientes en tratamiento tras un infarto cardíaco. Cada día medita media hora. “Cuando llevaba un año lo dejé, porque me sentía bien y pensé que ya no lo necesitaba, pero a los pocos meses me di cuenta de que estaba equivocado”, confiesa. Desde entonces, y con el tiempo, a la tranquilidad y el enfoque se sumaron la capacidad de no reaccionar impulsivamente frente a situaciones molestas, a escuchar primero al otro antes de contestar y a juzgar menos. “Incluso, últimamente he comenzado a revisar ‘traumas’ del pasado y a enfrentarlos”, dice.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, y publicado en la revista Science, le preguntó a 2.250 adultos por la conciencia que tenían de sus actos y pensamientos durante el día. El resultado fue que el 47% del tiempo divagaban sin control. Dejar que la mente quede atrapada en situaciones molestas del pasado o en pensamientos fatídicos sobre lo que aún no ocurre produce desdicha. Disminuir esos pensamientos es parte de lo que se logra meditando.

“Con la meditación se entrena a la mente para dejar de enfocarse en ese diálogo interno constante, que la distrae con el pasado y la secuestra con el futuro. Esto quita energía y vuelve a la persona menos productiva”, dice Nuria Pedrals, académica y psicóloga de la Universidad Católica. Al entrenarse en la atención plena, la mente es capaz de centrarse en todo lo que pasa en el momento. “Aprende y se relaciona con otros de mejor manera”, agrega.

Diversos estudios han descubierto, usando resonancias magnéticas, que la meditación activa zonas del cerebro relacionadas con la compasión, la empatía y la autoconciencia; la presión arterial y la frecuencia cardíaca; y donde se planifica, se toman decisiones y se regula el comportamiento social. Además, aumenta la densidad de la materia gris del hipocampo, zona vital para la memoria, y en las áreas donde se regula el estrés y se modulan las emociones. Lo que queda es masificar dichos estudios y comprobar si a largo plazo, efectivamente, esos cambios se mantienen.

Momento de inflexión

Hechos traumáticos, como muertes o pérdidas de todo tipo, son para muchos el catalizador para buscar nuevas fuentes de paz y de sentido al dolor, y ahí la meditación ocupa un lugar preponderante. Pero cada vez más personas no necesitan un aliciente devastador para acercarse a ella.

Hoy la sociedad no tiene una sola versión de bienestar, dice Roberto Aristegui, académico de la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez. “Existen otras formas de encontrar la felicidad, de buscar un cierto equilibrio que permita existir de otra manera. Hay una apertura a nuevos modos para no vivir mecánicamente”, explica. La meditación se convierte en una herramienta para ello cuando se la saca del ámbito esotérico -no porque perteneciera a él, sino porque en Occidente se la posicionaba en ese lugar- y cuando la ciencia la avala desde la disciplina de lo cognitivo, agrega.

Roberto Aristegui

Ps. Roberto Arístegui

A ello se suma, continúa el especialista, la secularización de la práctica. “El mindfulness desagrega la meditación de los fundamentos budistas, la separa. Esto permite que sea adoptada ampliamente, porque con ello no es necesario cambiar el transfondo de la cultura occidental”, dice.

Hoy, lo que mayoritariamente se practica en Occidente es el mindfulness , el que contempla una serie de pasos para entrenar a la mente -al igual que se ejercitan los músculos- con disciplina y constancia. Existen infinitas aplicaciones y videos en YouTube que ayudan a esa instrucción, pero nada reemplaza a la constancia.

Para todas ellas la respiración es el modo más básico de prestar atención. Suena fácil, pero trate de concentrarse en ella -y solo en ella- por cinco minutos seguidos y se dará cuenta de por qué la meditación es efectivamente un entrenamiento de la mente.

Durante dos meses, un estudio de la U. de Chile realizó un seguimiento a ocho mujeres con síndrome de colon irritable en su entrenamiento de mindfulness . Una sesión cada siete días, de dos horas y media, sumado a práctica en la casa, terminaron reduciendo el dolor abdominal de las pacientes, las que además tomaron más conciencia de su estrés, cuenta Caroll Beltrán, académica de Medicina del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. “El objetivo es demostrar que el parámetro biológico de la respuesta inflamatoria global también logra revertirse, al igual que los factores psicosociales”, explica.

El mindfulness tradicional contempla sesiones de meditación de 45 minutos, pero hoy los protocolos se han modificado dependiendo de la edad de la persona y de su contexto. El tiempo de cada meditación ha perdido relevancia en pos de la práctica diaria.

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