Estimados colegas,

En días de marchas y protestas sociales que ha movilizado al país, les dejamos esta columna del Director de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica, Ps. Dr. Joaquín Gaete.

¿Disculpas re-constructivas?

Por Ps. Dr. Joaquín Gaete Silva

Sociedad Chilena de Psicología Clínica

Las disculpas son una práctica social que ayuda a la reivindicar la dignidad personal y colectiva. En un Chile en que se releva la falta de reconocimiento básico a esta dignidad, es posible que veamos una avalancha de disculpas públicas. Cuando la credibilidad y el poder que ostenta el ofensor está en tela de juicio, algunas disculpas pueden llegar a agravar las ofensas.  Mi invitación aquí es a disculparse en formas que ayuden a reparar, no a agravar, el daño. No es fácil.

Los episodios de conflicto a menudo suponen decir o hacer cosas dolorosas (por ambas partes). Si bien en este sentido ambas partes suelen ser al mismo tiempo ofensoras y víctimas, la naturaleza y grado del daño infligido – la “magnitud” del daño – varía significativamente. Disculparse minimizando esta diferencia tiende a agravar el daño y resentimiento de las personas que fueron dañadas en mayor grado, y crea más conflicto porque las personas que sienten más daño se sienten compelidas a enfatizar su dolor para sentirse escuchadas.

Este patrón de “maximizar-minimizar”, que genera aún más daño, puede agravarse también por la usual “brecha de credibilidad” que surge de las discrepancias en cómo las partes experimentan y recuerdan cuáles han sido las ofensas cometidas. Disculpas que intenten cerrar esta brecha intentando “clarificar los hechos” es probable que creen aún más conflicto porque psicológicamente la versión de los hechos propia es casi siempre más creíble que la versión de otro. Pedir disculpas supone validar la versión del otro.

Disculparse muy pronto es riesgoso, en especial cuando la ofensa aún no puede ser separado del ofensor. Al mismo tiempo, demorar demasiado puede producir aún más daño. Cuando la disculpa de demora, hay un mensaje de insulto moral que continúa abriendo la herida original, ya que el silencio implica que la víctima no merecía mejor trato, y que por tanto tiene escaso valor. Por su duración, esta “herida de silencio” puede ser a veces peor que la original.  Una disculpa constructiva, incluso extendida por personas que no son los originales causantes del daño, puede ayudar a anular es mensaje implícito de degradación (y aminorar de paso el riesgo de ciclos recurrentes de violencia).

Una disculpa “constructiva” no es un acto, sino un proceso. Requiere diversos reconocimientos que se sostienen en el tiempo, y que por falta de espacio hemos resumido aquí como reconocer que la víctima merecía mejor trato, avalar con coraje y empatía la experiencia o “versión” del otro, y responsabilizarse por el daño efectuado. Responsabilizarse es reconocer que las demandas de reparación son legítimas. “Patronizar” a la víctima señalando que no puede acceder a todas sus demandas porque “no entiende” las supuestas consecuencias negativas de aquello puede nuevamente agravar la situación. Mi llamado es, de nuevo, a disculparse en forma que ayude a sanar, y no agravar, nuestras heridas.

Reconocimiento: el presente formato de difusión social del conocimiento dificulta reconocer debidamente la generosa contribución del Dr. Karl Tomm en la generación de éste.

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